13 mayo 2010

EL CONTRATO




Desde que le llegó la notificación de la próxima cita estaba angustiada. Las dudas la confundían y se preguntaba constantemente ¿Merecía la pena haber llegado hasta allí? ¿Cuál era el resultado obtenido? Suspiró y de forma mecánica empezó a acicalarse.

-Al menos intentaré estar presentable. -Se dijo con resignación.


La estación estaba desierta. A la hora prevista llegó el tren. Subió y buscó un asiento alejado de los dos únicos viajeros que había en el vagón. Necesitaba relajarse. Se acomodó y cerró los ojos dejándose mecer por el vaivén de la maquinaria puesta en movimiento.

-La verdad es que no puedo quejarme -pensó- no sé porqué me lo tomo así, al fin y al cabo lo que he hecho desde siempre ha sido ayudar a los demás. Y aunque la gente no entiende nada de lo que hago, lo cierto es que el puesto es cómodo. Nunca tengo que pelear con los candidatos. Me adjudicaron la sección de Casos Aceptados y todo se limita a cubrir el expediente y a estar allí por si alguien se echa atrás a última hora. Mi compañera de Casos Imprevistos si que lo pasa mal, todos se le resisten, pero claro ella también tiene que cumplir.
Me arrepiento de haberme puesto así de tonta. Siempre he sido fuerte y he desempeñado mi cometido. Un contrato es un contrato y éste, solicitado con carácter de urgencia, está aceptado por ambas partes.

El tren se acercaba a su destino. Cuando entraba en la estación ya se había tranquilizado. Entonces se levantó y miró por la ventanilla.

-Ya la veo. Allí está, preparada y puntual, tal y como acordamos.


En el borde del andén una mujer de unos cincuenta años, con aspecto enfermizo y el semblante sereno, retuerce obsesivamente un papel entre sus manos temblorosas. En sus sienes martillea la idea que ha ido dando forma en los últimos días, y la certeza de lo inminente provoca contracciones en los músculos de sus piernas. Tiene la mirada fija en la dama que hay tras el cristal de una de las ventanillas del tren que se aproxima y, justo en el momento en que la máquina llega a su altura, salta a las vías.

El chirrido de los frenos se expande por toda la estación. El maquinista no puede evitar la desgracia. Sobre los raíles, mutilado y sin vida, está el cuerpo de la mujer con aspecto enfermizo que sostiene en la mano el informe con los resultados de su biopsia.


Luisa Arellano

Publicado en "Taller de la Poesía y del Relato (Antología 2009)" De la Editora Regional de Extremadura.

28 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Uff... qué fuerte. ¡Vaya texto! Va envolviéndote en una atmósfera algo inquietante... y cuando parece que la asfixia desaparece... ¡Plass! ¡Tremendo!

Deberías colgar algún chisneto de aquellos... para compensar un poco.

En serio, me ha gustado. Y mucho.

Un abrazo.

Bletisa dijo...

Estupendo este impactante relato de Luisa.
Estremece.
Un beso a los dos.

Bletisa dijo...

No sé porque he puesto a los dos...
Bueno si lo sé ajajaja. Pensaba que estaba en el blog de otro extremeño y que te referenciaba.
Los dos besos para tí :)

Esmeralda Martí dijo...

Luisa, por Dios... nos has dejado sin respiración. La tensión ha ido in crescendo hasta ese final en el que todo se resuelve de manera contundente. Buffffff, voy a respirar.
Un beso grande

conxa dijo...

y que te digo yo???

impacta, te retiene.

Genial.

Alfredo J. Ramos dijo...

Es como si prolongara, llevándolo a un desenlace explícito y sin concesiones, el clima de aquel poema de Dámaso Alonso, «Mujer con alcuza» (de Hijos de la ira).

Jesús Arroyo dijo...

Luisa:
Ahora dudo, no sé si me gusta mas tu poesía o relatos como este. Me quedo con ambos y no hay discusión.
Es un relato impresionante, por el contenido y por el continente.
Besos.

chaconi dijo...

Ufffff, mucha tela.... Un beso.

MarianGardi dijo...

Ella decidió su destino, mejor que sufrir morir.
Yo soy partidaria de poder elegir tu futuro.
Buen escrito Luisa pero algo triste.
Un abrazo ya estoy de nuevo en casa, no me olvides ehiiiiiiiiii

Laura Caro dijo...

Me inpactó, Luisa. Escribes ¡ de muerte!.
Un abrazo.

LIGEIA dijo...

Uys,qué fuerte, la tensión pareja a los tiempos que corren, y su final, imprevisto, también.

Un abrazo

Walter Portilla dijo...

Querida Luisa, esta vez sí que me movió. Cuando te lo leí en el FB, le di otro sentido y es que posiblemente andaba mirando si era el mismo tren del que yo escribía.
Buenísimo el relato, Luisa, el mensaje y el encuentro con el destino al que uno se debe (aunque prefiero pensar que cada lo hace).
Alguien te comentó algo que m,e hizo pensar, espero que no esté sucediendo algoparecido cerca a ti querida Luisa. Un beso enorme.

Primitivo Algaba dijo...

Hola Luisa me sumo a todo lo que te han dicho antes de que llegara yo, me ha parecido un relato muy bien escrito con una tensión muy bien llevada hasta el final. Un abrazo
Primitivo

Jaht dijo...

Macabra y eficiente funcionaria de la muerte. Doy fe.

Luisa Arellano dijo...

Tienes razón, Antonio, habrá que rebuscar bien en todos los cajones para dar con algo más alegre jejeje.

Me alegra que te haya gustado, pues ya sabes de mi lucha con la prosa.

Un abrazo.

Luisa Arellano dijo...

Recibo esos dos besos, Bletisa, y me los quedo en propiedad ;)

A cambio te envío mi agradecimiento por tu visita... y más besos jejeje

Luisa Arellano dijo...

Respira, Esmeralda, que no te quiero nerviosa ;)

Besotes.

Luisa Arellano dijo...

¡Conxa!... espero que todo lo tuyo se haya solucionado ya.

Un beso enorme y mucho ánimo.

Luisa Arellano dijo...

Alfredo, siempre has sido para mí un referente en donde aprender mucho y bueno.

Me dejó perpleja el poema ¡qué casualidad!

Gracias, amigo.

Luisa Arellano dijo...

Encantada de encantarte, Jesús, :)compañero de caminos y veredas.

Un besote.

Luisa Arellano dijo...

¡¡Chaconiiiii, cómo me gusta tenerte por aquí!!

Un besazo, artista.

Luisa Arellano dijo...

Marian, claro que no te olvido. Sabes que otras cuestiones me reclaman, pero los amigos están siempre presentes.

Me alegra que ya estés de vuelta. Te escribo en cuanto encuentre un ratito.

Besos.

Luisa Arellano dijo...

¡Ay, Laura, qué me apabullas con tu piropo! jejeje soy sólo una aprendiza... una aprendiza que se alegra mucho de que lo que escribe le llegue a quien lee.

Gracias de corazón.

Luisa Arellano dijo...

¡De los nervios vamos a acabar entre unas cosas y otras, Matilde!

Aún no me acostumbro a lo de Ligeia ¿eh?

Besotessss

Luisa Arellano dijo...

Walter, tranquilo que todo es fruto de la imaginación y la fantasía... o de la realidad misma, pero no de mi realidad cercana.

Te agradezco enormemente tu preocupacion y tu cariño.

Besos.

Luisa Arellano dijo...

¡Hola Primitivo! Ante todo se bienvenido y acomódate. Ahora, por cuestiones ajenas, suelo faltar en el blog mucho más de lo que me gustaría, pero vengo en cuanto puedo e igualmente me acerco a visitar a los amigos. Tú no te cortes, paisano, y... como si estuvieras en tu casa.

Un abrazo.

Luisa Arellano dijo...

Menuda trabajadora está hecha, Jath... a ésta no le afecta la crisis... ni paro ni nada!

Un abrazo.

Carmela dijo...

Sobrecogedor.
No esperaba ese desenlace.Me tomó por sorpresa.
La narrativa atrapa desde el principio.
Muy bueno!!